“La caña de azúcar,’principal aliada de la reconversión regional'”: Procaña

Contra la quema de Caña
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A continuación reproducimos el Editorial de la Revista Procaña de marzo de 2016 (edición No. 113). Procaña es el gremio que asocia a los llamados cultivadores de caña que hacen parte del clúster del azúcar y el etanol, dominado por los grupos empresariales transnacionales Organización Ardila Lulle, Grupo Manuelita, Grupo Riopaila-Castilla y Grupo Mayagüez, tanto en el valle geográfico del río Cauca como desde hace unos años en la altillanura colombiana, donde vienen expandiéndose y fortaleciéndose como parte de una de las variantes del extractivismo en Colombia: los monocultivos.

Lo escribe el Presidente de su Junta Directiva, el señor Carlos Hernando Molina.

Es de destacar que la agroindustria de la caña de azúcar se ha abierto a un proceso de cambio productivo sobre la base del agotamiento humano, social, económico, ambiental y político del monocultivo de caña de azúcar y de la industria fundada en él, con el agravante de la presión estadounidense por ingresar el etanol de maíz en el protegido mercado interno del etanol a base de azúcar de caña, que hasta ahora ha favorecido al oligopolio azucarero.

La diversificación de la inversión responde a las necesidades económicas del sector, ni más ni menos. Y así surgen voces como la del Presidente de Procaña, quien dice que “(p)rácticas como la quema de la caña de azúcar, la utilización de maduradores de síntesis química, así como el uso indiscriminado de los herbicidas, deben hacer parte del pasado”.

Indudablemente el valle del río Cauca requiere de una transición productiva, pero de una que sea con la participación decisoria de las poblaciones que han sido el soporte humano y social de la agroindustria cañera, incluyendo a sus trabajadores/as y empleados/as.

Carlos Hernando Molina se refiere a “la inversión del Estado en grandes obras de almacenamiento y conducción requeridas”. Esto no puede pasar desapercibido a las poblaci0nes del área de influencia de los ingenios azucareros, dado que la CVC, asociada con el BID y la agroindustria cañera, impulsa proyecto de embalse sobre cuatro ríos del valle geográfico. Uno de ellos, sobre el río Bugalagrande, ya ha suscitado la reacción en contra de los/as habitantes de los municipios de Sevilla, Andalucía y Bugalagrande. La CVC, apéndice institucional de la agroindustria cañera, ha desconocido a la institucionalidad local y a las poblaciones de estos municipios para favorecer intereses que no ha dejado en toda su historia de expresar y defender.

 

Gracias a la tecnología y el conocimiento de las condiciones meteorológicas, hoy contamos con sistemas de predicción y registro del clima que advierten qué tan fuertes y duraderos serán los impactos de los fenómenos de variabilidad climática provocados por el cambio climático.

Es hora, entonces, de que todos y cada uno de los pobladores de la “Casa Común”, como la llama el papa Francisco, revisemos cómo podemos contribuir a frenar el deterioro al cual estamos sometiendo al planeta y tomar decisiones que permitan el mejoramiento de la calidad de vida de todas las especies en él involucradas.

¿Qué estamos haciendo y qué podemos modificar para afrontar los efectos del cambio  climático, que con mayor frecuencia e intensidad producirá fuertes sequías, altas  temperaturas y periodos de precipitación altos?

Buen momento este para hacer una revisión integral de la actividad agroindustrial de la caña de azúcar, buscando fortalecer los impactos positivos en lo social, ambiental y económico. Debemos convertirnos en agentes activos desde el lugar y posición donde nos encontremos. La caña de azúcar es nuestra mejor aliada en este propósito, siempre y cuando seamos coherentes con el uso de las grandes cualidades que tiene este cultivo, como planta altamente eficiente en el uso de la fotosíntesis, al proporcionar en los residuos de cosecha en verde, la mayoría de los nutrientes por ella requeridos. Prácticas como la quema de la caña de azúcar, la utilización de maduradores de síntesis química, así como el uso indiscriminado de los herbicidas, deben hacer parte del pasado. Ahora se deben fortalecer los procesos biológicos generadores de vida y estimulantes de la recuperación de la capacidad productiva del suelo, mediante el incremento de la materia orgánica y el mejoramiento de las propiedades físicas, químicas y biológicas para mitigar las altas temperaturas y aumentar la retención del agua lluvia y de riego para el servicio del cultivo, lo cual baja significativamente sus costos.

Con la implementación de prácticas sostenibles no solo se articula el sector agroindustrial de la caña de azúcar en los compromisos que como país adquirimos en la reunión COP21, en Francia, mitigando los efectos del cambio climático mediante la captura de carbono en la materia orgánica del suelo, sino que también se adapta el sistema de producción a la realidad del cambio climático, haciéndolo más resiliente, que según la investigadora Clara Nicholls, es la capacidad para resistir, recuperar su funcionamiento y continuar la producción después de perturbaciones como la de las sequías extremas.

Si bien es cierto que los procesos de diversificación no son fáciles y exigen altas inversiones en infraestructura, ciencia, tecnología y mercadeo, por no mencionar otros aspectos, debemos fortalecer y estimular la posibilidad de incursionar en otras líneas de producción que nos permitan tener la tranquilidad y la estabilidad que genera la diversificación indispensable en el equilibrio biológico y económico de los sistemas productivos.

En este aspecto, y considerando la alta posibilidad que tiene la caña de azúcar, también se puede revisar la diversificación en medio de ella, con cultivos de pan coger (fríjol, soya) y alternativas forestales productivas en corredores biológicos, cercas vivas, con el fin de romper el esquema de monocultivo, y así disminuir la aparición de plagas y enfermedades.

Por supuesto que la situación no solo demanda la decisión de transformar los sistemas de producción a nivel de finca, se requiere también del compromiso con la cuenca grande del río Cauca y de todos sus ríos tributarios. Como pobladores del valle geográfico del río Cauca y beneficiarios de su sistema hidrológico, debemos valorar y respetar sus cauces, así como los humedales y madreviejas, fundamentales por ser soporte de alta biodiversidad, reguladoras del caudal del río y sustento para comunidades circunvecinas.

En el propósito de orientar una intervención ordenada y eficiente, desde hace más de 15 años se han ido creando las asociaciones de usuarios de los diferentes ríos, iniciativa que ha contado con el apoyo desde hace 5 años del Fondo de Agua para la Vida y la Sostenibilidad, entidades internacionales, empresas nacionales y las corporaciones autónomas de la región. La inversión y el trabajo desarrollados empieza a mostrar algunos resultados, sin embargo, se requiere del apoyo decidido de todos los usuarios de los ríos (Alcaldías, agricultores, industriales, ganaderos, empresas administradoras de los acueductos), para responder con prontitud a la situación crítica derivada de los altos niveles de erosión en la parte media y alta de todas las cuencas, que ha generado baja capacidad de retención y regulación hídrica, afectando no solo el suministro de agua superficial, sino  también la recarga de los acuíferos subterráneos.

Como vemos, tenemos la posibilidad de afrontar con decisión y empeño la realidad; se requiere sí, de la decisión de cada uno de los involucrados, la generación de políticas públicas, la inversión del Estado en grandes obras de almacenamiento y conducción requeridas, y que las corporaciones regionales –CVC, CRC y CARDER– recuperen el papel protagónico en la región.