A continuación reproducimos el Editorial de la Revista Procaña de marzo de 2016 (edición No. 113). Procaña es el gremio que asocia a los llamados cultivadores de caña que hacen parte del clúster del azúcar y el etanol, dominado por los grupos empresariales transnacionales Organización Ardila Lulle, Grupo Manuelita, Grupo Riopaila-Castilla y Grupo Mayagüez, tanto en el valle geográfico del río Cauca como desde hace unos años en la altillanura colombiana, donde vienen expandiéndose y fortaleciéndose como parte de una de las variantes del extractivismo en Colombia: los monocultivos.

Las quemas de caña de azúcar son una de las prácticas agrícolas desarrolladas por la agroindustria de la caña en el valle geográfico del río Cauca. Estas quemas producen efectos adversos sobre la salud, la alimentación y el bienestar de los pobladores de los municipios del área donde se presenta el monocultivo de caña. También sobre las actividades económicas, el aire, las aguas, las tierras y demás recursos materiales que se encuentran en estos municipios. En este sentido, la campaña contra las quemas se justifica desde el punto de vista del mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones y el cuidado del medio ambiente. Junto a las quemas se encuentran otras prácticas agrícolas e industriales relacionadas cuales son el uso de las aguas y el uso intensivo de agrotóxicos por parte de la agroindustria, que traen consigo sendas problemáticas socioambientales.

 

La “quema de la caña” se ha convertido en una de las prácticas del cultivo que genera  impactos sociales y ambientales al ecosistema del valle geográfico del río Cauca de forma permanente y que contribuyen a acelerar los procesos de desertificación que el monocultivo de la caña de azúcar de por sí genera en el mediano plazo para la región. Diferentes estudios realizados por investigadores han calculado que la quema de la caña, que para el año 2002 se quemaban aproximadamente el 80% de la caña cosechada, es decir, unas 155 mil hectáreas[1] de las 195 mil que para ese año se cosechaban. En la actualidad, esto podría significar que una quema anual para los últimos años en promedio puede llegar a 165 hectáreas que equivalen al 70% del área total cosechada que para el año 2013 eran de 235 mil hectáreas. Esto en términos prácticos significa una quema diaria de 500 hectáreas.

Por el derecho a la alimentación y el bienestar en el valle geográfico del río Cauca.

Y POR DETENER LA MONOPOLIZACIÓN, SOBREXPLOTACIÓN Y APROPIACION DE LOS RECURSOS NATURALES POR PARTE DEL CARTEL DEL AZÚCAR CONTROLADO POR LOS INGENIOS CAÑEROS DEL TERRITORIO DEL VALLE GEOGRAFICO DEL RIO CAUCA.[1]